Fiebre

La fiebre es un síndrome (conjunto de síntomas y signos) cuyo signo principal es la hipertermia. Pero no es imprescindible, pues puede haber fiebre sin hipertermia. Decimos que la hipertermia es el signo principal, el más frecuente, el más fácil de medir, y el primero que se manifiesta. La fiebre es la respuesta del organismo a agentes de naturaleza infecciosa (que es lo más frecuente) o a causas no infecciosas (toxinas de resorción, lesiones en ciertos territorios nerviosos, etc). Hablamos así de fiebre séptica en el primer caso y aséptica en el segundo.

Signos de la fiebre

Los signos de la fiebre son:

  • Trastornos circulatorios: El pulso aumenta en forma paralela con la temperatura; a cada grado de elevación de temperatura corresponde un aumento de 10-15 pulsaciones por minuto. Se habla de fiebre dinámica cuando el pulso es fuerte; fiebre adinámica cuando el pulso es débil desde el principio y consecutivo al agotamiento cardíaco, y de fiebre disociada cuando no se observa aumento de pulsaciones junto con el aumento de temperatura.
  • Presión arterial: Aumenta al estallar un acceso agudo de fiebre, pero cuando la temperatura se estabiliza, suele estar normal o subnormal. Cuando la temperatura central aumenta rápidamente hay vasoconstricción periférica (el enfermo siente frío y tiene temblores febriles: éste es el estado de escalofrío). En este momento la temperatura corporal sube porque el calor producido supera ampliamente al eliminado. Llegada la temperatura a su máximo sobreviene una vasodilatación periférica (el individuo siente calor y busca lugares frescos, hay sudor profuso, flacidez muscular y rápida caída de la temperatura). En este momento predomina la pérdida de calor sobre la producción.
  • Trastornos respiratorios: La frecuencia respiratoria aumenta con relación al aumento de temperatura (polipnea térmica).
  • Trastornos digestivos: Las secreciones del aparato digestivo en general se hallan disminuidas, al igual que el peristaltismo gastrointestinal, ya que hay tendencia al estreñimiento. Hay también apetito disminuido o abolido, pero, en cambio, la sed aumenta.
  • Trastornos humorales: Durante la fiebre, la sangre se concentra y disminuye la cloremia, así como la excreción de cloruros y la cantidad de orina. Esto se produce aunque se ingieran cloruros en cantidad suficiente. Y si aumenta más aún, se observa que se retienen fácilmente en el líquido intersticial. En el momento del descenso de la temperatura la sangre se diluye, se produce una poliuria y hay una descarga de los cloruros retenidos.

Existe también un aumento del catabolismo proteico durante la fiebre con una mayor excreción de urea, que se acentúa en el momento del descenso de la temperatura. También el catabolismo graso aumenta durante la fiebre. Y cuando la dieta no aporta bastantes hidratos de carbono se produce una tendencia a la acidosis. En el análisis de orina verificamos una albumina llamada febril.

  • Trastornos del sensorio: El individuo se encuentra deprimido.
  • Facies: Observamos lo que se denomina facies febril. Así el sujeto febril presenta una expresión poco vivaz, hay atontamiento y hasta a veces delirio.
  • Hipertermia: Como habíamos dicho, es el signo principal de la fiebre, aunque no imprescindible, y es un aumento en la temperatura corporal por encima de lo que se considera normal, y que es causado por un evento fisiopatológico (infección, inflamación). No hay que confundir la fiebre con la hipertermia. La fiebre es un mecanismo presente en todos los animales que actúa como respuesta adaptativa, ayudando al cuerpo a combatir los organismos que causan enfermedades y surge en respuesta a unas sustancias llamadas pirógenos que se derivan de bacterias o virus que invaden el cuerpo, o que son producidas por las propias células.

La temperatura normal del cuerpo humano oscila entre 35 y 37 °C.1 Las fiebres por encima de los 40,5 °C pueden amenazar proteínas de vital importancia, provocando estrés celular, infarto cardíaco, necrosis de tejidos, ataques paroxísticos y delirios.[cita requerida]

Debido al sistema inmunitario poco desarrollado con el que cuentan los niños, son más propensos a sufrir fiebres elevadas.[cita requerida]

Pirógenos exógenos[editar]

Son sustancias externas al cuerpo humano. Puede tratarse de microorganismos, productos de los microorganismos como endotoxinas liberadas por bacterias gram (–), o el ácido lipoteicoico o el peptidoglicano de las bacterias gram (+); agentes químicos (anfotericina, fenotiazidas).

Origen no microbiano

Pirógenos endógenos

Los pirógenos endógenos convergen a una región cerebral que regula la fiebre, el área preóptica del hipotálamo anterior (POA: preoptic area). Mecanismo controvertido, ya que los pirógenos endógenos tienen que atravesar la barrera hematoencefálica la cual es impermeable a ellos. Al menos dos rutas se evidencian: transporte activo a través de la barrera hematoencefálica por transportadores específicos para citoquinas; transferencia de mensaje donde la barrera hematoencefálica tiene fenestraciones, es decir en los órganos circumventriculares sensoriales particularmente en el organum vasculosum laminae terminalis (OVLT).

Pero hay otras rutas alternativas: la circulación de citoquinas inducen la generación de prostaglandina E2 (PGE-2) y tal vez prostaglandinas F2a (PGF-2a) permeable a la BBB, el mediador putativo más proximal a la fiebre, por las células endoteliales de la microvasculatura cerebral o perivascular como la microglía y macrófagos meningeales.

Directamente trasmisión al POA de los mensajes de los pirógenos vía aferentes periféricas (mayormente vagales) activado por citoquinas.

La Penicilina

La penicilina fue uno de los primeros antibióticos que se inventaron y también uno de los que más se utilizaron en todo el mundo. Durante años, gracias a los descubrimientos de su creador Alexander Fleming, los antibióticos a base de penicilina han salvado la vida de millones de personas, razón por la cual esta invención constituye una de las más importantes de la historia. No es necesario añadir mucho más, hoy hablaremos sobre qué es y cómo se descubrió la penicilina.

¿Qué es la penicilina?

Comencemos con lo más sencillo, qué es la penicilina , por qué es tan importante y por qué, entre otras cosas, ha convertido a su inventor en premio Nobel. Las penicilinas son un determinado conjunto de antibióticos con la capacidad de eliminar las bacterias que causan infecciones en el cuerpo humano. Estos antibióticos son originados a partir de una particular especie de hongo conocida como Penicillium y también sirven para prevenir infecciones bacterianas, especialmente aquellas que son provocadas por las bacterias positivas de Gram, de las cuales ya hemos hablado en oportunidades anteriores.

Las penicilinas constituyen uno de los primeros antibióticos utilizados de la historia para tratar infecciones y otras enfermedades serias, de hecho, todavía se las utilizan de forma regular en la medicina moderna. Todas las penicilinas son antibióticos β-lactámicos (beta-lactámicos), es decir, moléculas antibióticas con núcleo β-lactámico y existen diferentes tipos de penicilinas, cada una de ellas reacciona contra las bacterias en diferente grado, algunos de los tipos de penicilinas más empleados son:

  • Ampicilina
  • Amoxicilina
  • Flucloxacilina
  • Fenoximetilpenicilina

¿Cómo se inventó la penicilina?

La penicilina fue el primer antibiótico empleado en medicina y su descubrimiento es atribuido a Alexander Fleming, quien junto a otros científicos médicos obtuvieron el premio Nóbel de medicina en 1945, mención más que merecida tras semejante aporte. El descubrimiento de la penicilina ocurrió de una forma un tanto casual y fue relatada por el propio Fleming, quien en la mañana del 28 de septiembre de 1928 se encontraba estudiando cultivos de bacterias en el sótano del laboratorio del Hospital St. Mary, en Londres.

Fleming se encontraba estudiando bacterias de estafilococo para entonces pero, luego de ausentarse casi por un mes de la ciudad de Londres, olvidó una placa de petri en la que se contenían bacterias cerca de una ventana abierta. Al regresar a sus experimentos, se encontró con que su experimento se había estropeado pues las muestras se habían contaminado con una especie de moho que había entrado con el viento.

Publicidad

La bendita curiosidad de Fleming hizo que el científico en lugar de tirar su experimento arruinado a la basura, colocase su placa de petri al microscopio. Lo que observó fue que no solo el moho había contaminado todo el contenido de la placa, sino que alrededor de éste, había un claro, una zona limpia en la que el moho había matado a las bacterias. Luego de identificar el moho como hongos de Penicillium, Fleming fue optimista acerca de los claros resultados: el Penicillium eliminaba las mortales bacterias Staphylococcus de una vez por todas.

Aunque, al poco tiempo, nuestro héroe perdió un poco la confianza al cuestionarse acerca de cuán posible era utilizar este hongo como antibiótico en realidad y cuán seguro era para el cuerpo humano, sus numerosas investigaciones, pruebas y ensayos clínicos le dieron la seguridad necesaria para desarrollar y completar el descubrimiento. En este punto, mucho tuvieron que ver sus colegas universitarios, entre ellos, Sir Howard Florey y Ernst Chain, ambos de la Universidad de Oxford y con quienes comparte el Nobel.

Finalmente, luego de que los colegas de Fleming demostraran que la penicilina podía utilizarse perfectamente en los humanos como un antibiótico, se probó por primera vez en humanos. Orvan Hess y Bumstead Juan fueron las primeras personas en utilizar la penicilina como antibiótico y los resultados fueron un completo éxito. Desde entonces, los antibióticos de penicilinas han salvado una enorme cantidad de vidas en el mundo entero.